Lealtad

“¡No por favor, ten piedad de mi!”

No paraba de repetir esa estúpida frase una y otra vez mientras le iba persiguiendo por cada condenada habitación de esa mugrienta y destartalada casa. Sinceramente no se que esperaba conseguir diciéndola constantemente a pesar de que le avisaba de su inevitable muerte. Supongo que todos tenemos miedo a morir y por eso intentamos por todos los medios evitar tal muerte. O eso me gustaría creer…

La sangre empieza a extenderse por la habitación lentamente, colándose por cada junta de ese corroído parqué el cual ya carece completamente de color y solo desprende un olor que te produce arcadas. Es curioso como mi cuerpo no siente nada al dispararle a quemarropa a un hombre pero si desfallece ante el olor de unas tablas de madera podridas.

Debo limpiar la escena y contactar con la organización antes de que cualquier curioso se acerque por culpa del ruido. No me puedo permitir el asesinar inocentes. Aunque claro, quien me dice que el hombre que yace muerto a dos metros de mis lujosos mocasines no era un completo inocente y un gran ciudadano. Supongo que debo dejar de preocuparme sobre si es inocente o no y encargarme de mis trabajos lo más profesionalmente posible, después de todo, es aquello para lo que vivo.

Al acabar de eliminar las pruebas, recojo mi pistola empapada de sangre y salgo del lugar lo antes posible. Debo desaparecer, debo cambiar de identidad y si es posible de cara, debo ir a por mi siguiente objetivo.

Aquellos a los que mato a veces me acusan de ser tan solo un perro o una marioneta, pero… ¿acaso son conscientes de que yo ya conozco aquello en lo que me he convertido? Asesino sin razón alguna a gente que muchas veces tiene familia e hijos, a gente honrada y trabajadora que simplemente tomó la mala decisión de ir contra quien no debía. Elimino inocentes sin duda alguna mientras poco a poco mi corazón se pudre y mi mente pierde la cordura. Ya ni recuerdo cuando dejé de impactarme al ver un muerto, y menos aún cuando dejé de vomitar cada vez que veía sangre. Se que carezco de sentimientos, pero, ¿acaso no es eso algo necesario en este trabajo?

No soy un perro, ni siquiera me merezco ese estatus. Soy un simple espectro que se mueve entre las sombras y que carece de identidad o de personalidad. No soy nadie, pero aun así soy muchos, que curiosa contradicción…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s