La tienda de Tamako

Cerca de uno de los parques más importantes de la ciudad, y en la esquina entre una calle de mala muerte y una gran avenida, se encuentra la tienda de Tamako. En ella trabaja la morsa andante de la que se sacó el nombre de la ya dicha tienda, Tamako. Tamako es una china con sobrepeso y un extraño caso de perdida de raza. Me explico, a pesar de ser más china que los tallarines, ella se cree una negra barrio bajera en toda regla. Ya no es solo que vista como tal, es que actúa y habla como tal. Quizás es por eso que le cae tan en gracia al dueño de la tienda, el cual es un fetichista de las negras de barrios chungos. Pues lo que os decia, que Tamako es…

-¡Hey! ¡Tu! -le grita mientras sujeta un hacha oxidada.
-¿Yo?
-No, mi abuela, ¡pues claro que tu pelitos largos! Ya me vas explicando cómo se te ocurre robar en la tienda de Tamako. Vale que estés mas bueno que la mortadela con queso y que ese pelo de yustin biber -su ingles era bastante limitado- te quede perfecto pero la Tamako no perdona a los ladrones. ¿Me entiendes melenitas o tengo que repetírtelo? -todo esto dicho obviamente con su característico baile de negra chunga.
-Lo… ¡lo siento mucho! -ala, salió corriendo más rápido de lo que un negrito desmonta el puesto al ver a la policía.

Bueno, como iba diciendo, Tamako es bastante peculiar y… gorda, también bastante gorda. Pero es quien me consigue los trabajitos bien pagados con lo cual no puedo quejarme. ¿Que por qué trabajitos? Bueno veréis, es que la tienda a pesar de parecer normal en realidad es una de las bases de la mayor red de tráfico de bocadillos que existe. Al parecer Tamako junto con el dueño de la tienda son quienes dirigen todo el cotarro.
Mi papel en todo esto es el de apagar fuegos. Exteriormente soy el gestor de asuntos e incidencias pero la realidad es que me dedico a darle palizas y matar a quien no le cae en gracia a Tamako o no le paga. Por suerte tengo un compañero que me ayuda vigilando a las victimas y luego limpiando las escenas de los crímenes.
Se llama Oscar y es ecuatoriano. Trabajador y buen chaval como ninguno, pero desgraciadamente es adicto al Vick VapoRub. Eso implica que se gasta todo su dinero en esa extraña adicción que es ponérselo a uno de sus peluches llamado Jose Carlos y luego casi esnifarlo. Yo desde luego no le digo nada, si soporto a la foca de nuestra jefa que tiene peores cosas, creo que puedo soportar todo.

Ahora volvemos de matar a un tío que del miedo se cagó encima y luego vomito del asco de haberse cagado encima. Sinceramente, no se como lo hizo pero la cosa fue que gracias a eso de verdad tuve ganas de matarlo. Oscar no paraba de reír mientras se “esnifaba” a Jose Carlos. Si no fuese porque me pagan bien, me habría ido ya hace mucho de este agujero de locos.

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